Desde el Observatorio de Desaparición Forzada (ODF) compartimos algunas reflexiones en un día como hoy, 30 de agosto, día internacional de las víctimas de desapariciones forzadas.
En el ODF estamos preparando un texto sobre este crimen contra la humanidad en Colombia, su magnitud y la (falta de) respuesta del Estado, pero en un día como hoy queremos centrar el foco en familiares y personas buscadoras.
Desde el ODF hemos insistido en que cada víctima tenía un nombre, una familia y una historia. Son mucho más que escuetas y simples cifras… y por eso es tan importante la tarea fundamental de hacer memoria, buscar justicia y acompañar las acciones de incidencia de las familias que buscan.
Las asociaciones, organizaciones y familiares han realizado diversas y transgeneracionales acciones de memoria para que la sociedad colombiana comprenda las múltiples dimensiones del crimen.
Todo nuestro agradecimiento al capítulo Bogotá del MOVICE por compartirnos estas hermosas imágenes
En la actualidad las primeras personas buscadoras de los años 80 están falleciendo, como el padre Javier Giraldo.
Giraldo promovió en los años 80 que las familias de los estudiantes desaparecidos en 1982 se organizaran y crearan Asfaddes. Desde 1987 acompañó sin pausa a la familia de Nydia Erika Bautista hasta recuperar sus restos en 1990. También ofició la misa de 2003 cuando, tras una prueba de ADN, se ratificó que los restos encontrados en 1990 en una fosa común correspondían plenamente a Nydia Erika Bautista. Año tras año, desde 1985, conmemoró la ceremonia en homenaje a las víctimas de Desaparición Forzada del Palacio de Justicia.
Su última gran tarea fue entregar a la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas la ubicación de los restos de Camilo Torres, ocultados por el ejército colombiano desde su asesinato. Después de recuperar a Camilo y entregarlo al país cumplió con su compromiso espiritual y político más impresionante, dejar el ejemplo de que sí es posible encontrar a las personas desaparecidas.























