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Erik Arellana Bautista

Durante décadas he insistido en la importancia de estudiar el cementerio de Guayabetal partiendo de los hechos en los que en 1990 permitieron recuperar de una fosa común sin identificar a Nydia Erika Bautista.

La información provenía del agente de inteligencia y contrainteligencia Bernardo Garzón Garzón. Con esa información el abogado Eduardo Umaña Mendoza y Yanette Bautista con la fotografía tomada el 30 de agosto de 1987 durante la primera comunión en la que se ve a Nydia con un vestido blanco y un saco de lana, hablaron con el enterrador del cementerio quien ubicó el sitio en el que había dispuesto el cuerpo sin vida de Nydia Erika quien había sido marcada con las iniciales N.N.

A la diligencia había asistido como acompañante Friedrich Kircher, esposo de Yanette quien registró con su cámara el proceso de identificación. Las fotos nos permitieron no solo tener un recuerdo del hecho para la familia sino una evidencia para los procesos judiciales.

Ver las fotografías de la exhumación de 1990 en Cementerio antiguo de Guayabetal

Cuando fue creada la Unidad de Búsqueda de personas dadas por Desaparecidas (UBPD) se presentó la propuesta de búsqueda de personas con afiliación política de izquierda o de militantes del M-19 entre los que se encontraban Amparo Tordecilla, Antonio Camacho Rugeles y Cristóbal Triana. Todos ellos padres y madres de mis amigos a quienes conocí en el camino de la reivindicación de derechos humanos y de memoria en diferentes circunstancias incluyendo el exilio.

Ahora casi diez años después y tras los avances realizados en el plan de búsqueda emprendido por la UBPD en el cementerio de Guayabetal y en contraste con la información aportada por la Fundación y la familia de Nydia Erika se coordinó un espacio para que Friedrich Kircher pueda aportar información in situ sobre los avances realizados por los equipos de la UBPD.

Han pasado 36 años desde que el cuerpo de Nydia Erika Bautista fue recuperado de este lugar y ahora regresamos con la esperanza de que entre los cuerpos de interés forense se encuentren algunos de los desaparecidos de los años 80 en el marco de la lucha contra insurgente que adelantó el BINCI (Batallón de Inteligencia y Contrainteligencia) Charry Solano, para el que trabajó Bernardo Garzón Garzón quien aportó la información para identificar el lugar en donde fue arrojado el cuerpo sin vida de Nydia Erika Bautista.

El día estaba frío y la madrugada húmeda, nos encontramos frente a la oficina de la UBPD y tomamos una pequeña camioneta los abogados de la Fundación Nydia Erika Bautista, Leonel y Farid, un antropólogo forense que reemplaza a la antropóloga que por razones de salud no nos acompaña y quien lleva la investigación del lugar Lina María. Friedrich Kircher viene en un transporte independiente y llegará al cementerio por cuenta propia.

La mañana se va calentando a medida que avanzamos. En el camino antes de llegar a Chipaque somos testigos de un accidente, un microsueño del conductor de una moto le juega una mala pasada y terminan él y su copiloto en el suelo al borde de la cuneta. Nos bajamos a disponernos por si hay que llamar una ambulancia o si requieren apoyo. Entre el orgullo y la vergüenza los motociclistas nos dicen que todo está bien y que podemos continuar con nuestro viaje.

Mientras escribo voy observando el paisaje montañoso, los árboles y sus diferentes matices de verde, las aves que sobrevuelan la carretera, los símbolos que representan los accidentes viales como un casco y una rueda de moto al lado de una placa y una virgen. Mi madre fue asesinada al borde de la carretera y su cuerpo sin vida fue hallado en esta vía en el kilómetro 12 en el municipio de Guayabetal en el sitio conocido como Quebrada Blanca. En los letreros de la carretera ya empieza a aparecer el nombre en letras blancas. La cercanía con el pueblo de Cáqueza a donde nos traían de vacaciones los tíos y se hacían los piquetes familiares me llevan en una mezcla de emociones que pasan por todos los estados de ánimo posibles que caben en eso que llamamos nostalgia.

Esos lugares asociados a la nostalgia y a la lucha contra el olvido y la impunidad me motivaron a realizar el mapa Puro pueblo, un itinerario transmedia en el que deposité los recuerdos de la vida, la muerte y la lucha de mi familia y de la fundación Nydia Erika Bautista.

El cementerio de Guayabetal

El cementerio ha sido transformado, el lugar en donde fue ubicada Nydia Erika tiene ahora unas casas, una escalera y un muro de contención de 6 metros de altura. La tierra fue removida a criterio del sacerdote encargado del cementerio. Él aseguró en su momento que todos los cuerpos sin dolientes fueron dispuestos en un Palomar. Entre los cuerpos dispuestos en este lugar hay 50 de interés forense por parte de la UBPD. A nuestra llegada hay 2 conjuntos de huesos en las camillas con las que nos explicaron el proceso que adelanta el equipo de trabajo.

Federico recuerda cómo estaba el lugar y calcula como fue removida la tierra mirando las fotos hechas por él en 1990 y se pregunta si el sacerdote tuvo en cuenta los lugares en los que había enterrados N.Ns y hace mención del momento en el que le enseñaron la fotografía de nuestra primera comunión y su reacción primero inspeccionando el cementerio en general y luego otro lugar específico en donde fue hallado el cadáver de Nydia.

Quien hizo el levantamiento del cadáver en septiembre de 1987 fue una monja de origen alemán. En ese momento el sepulturero ya hacía referencia a que el sitio era usado para arrojar cuerpos sin identidad que traían de Bogotá pero también de Villavicencio.

En 1997 la Fiscalía General de la Nación hizo la primera intervención en el cementerio buscando cuerpos incinerados provenientes del palacio de justicia y una segunda fue la remodelación del cementerio entre los años 1998 y el año 2000, en donde se reubicaron tanto las tumbas con nombres como los restos sin identificar.

Mientras caminábamos por el cementerio, pienso en Yanette y en su deseo de encontrar a Cristóbal Triana y a Amparo Tordecilla. La encargada de la UBPD y el abogado de la Fundación cruzan versiones sobre el túnel llamado Quebrada Blanca y el abismo que hay justo después del túnel. En las dos versiones se afirma que Amparo Tordecilla fue arrojada a ese abismo y que es posible que hubiera sido trasladada a este cementerio. Nos preguntamos si existen registros y nos responden que no hay.

Las casualidades no existen y sobre nosotros vuela un ave negra de cola amarilla. Amarillo volver… vuelve el poeta por los caminos de la herencia, de la herida, del dolor que se transformó en reivindicación de justicia y de dignidad. Veo mariposas amarillas y recuerdo los poemas que escribí cuando me entregaron la bolsa negra con los huesos de mi madre que Friedrich recuerda yo limpié uno por uno…

Pienso en mis amigos y en la posibilidad de hallar a sus padres, les escribo un mensaje diciendo que aquí seguimos.
Me alejo del grupo para escribir mientras ellos discuten los pasos a seguir que seguro son muchos más de los que hemos dado en estos 38 años que me traen al lugar donde mi mamá respiró su último aliento.

Salimos del cementerio pensando en el sacerdote que encargó la obra de remodelación y en los obreros y los contratistas que removieron la tierra y si la dispusieron en el mismo lugar bajo las escaleras o si se las llevaron a otro lugar.
Seguimos caminando por la vía para buscar almuerzo. El caserío es un lugar intermedio entre el mundo de los vivos y los muertos. La mujer que nos atiende dice que “eso está más seco que sus sentimientos” refiriéndose a un cojín de tinta para poner la huella en un documento que debemos firmar los asistentes a este encuentro. Mientras yo dejo caer mis emociones en medio de este árido paisaje dejo que se evaporen como la vida de los huesos expuestos al sol.

Le escribo a Andrea contándole mis impresiones de la visita y me reitera que nada de esto estaría ocurriendo sino se hubieran solicitado las medidas cautelares sobre el cementerio de Guayabetal. No sé si hemos llegado tarde, aún no tengo claro si dentro de esos 50 cuerpos estarán los padres y madres de mis amigos. Me queda la tranquilidad de estarlo intentando, de hacer la tarea por los que ya no están, por Yanette Bautista y su legado, por Nydia Erika y su memoria rebelde, por mis amigos que me leen más allá de las fronteras pero finalmente por mí, sí porque aunque suene egoísta este granito de arena, este pequeño aporte a la lucha contra el olvido que aunque no tenga respuestas definitivos le da a todo el horror vívido un sentido. Algo que la mente aún no comprende y por lo tanto no es posible expresar y que el corazón aún no logra tramitar y por lo mismo clasificar como positivo o negativo… es una sensación dual, algo de alegría por la terquedad heredada, mucho de tristeza por lo que se fue y nunca volverá.